viernes, 29 de agosto de 2014

¿Por qué la escuela no puede cambiar?

El mal central de la escuela es su anacronismo y su incapacidad de cambiar, que la condena a una reproducción degrada de lo que alguna vez fue. De modo que el desafío en educación no es retornar, no es disciplinar, tampoco refundar, sino iniciar un camino de transformación que nos ponga de nuevo en la senda de la construcción de una buena escuela que debe ser diferente a la de la primera mitad del siglo XX.
Sin pretender tener todas las respuestas, porque nadie las tiene hoy, propongo con modestia, pero con absoluto convencimiento, los siguientes ítems.
1- La educación es una llave demasiado valiosa para nuestro futuro como para que resulte del mezquino tironeo entre los gobiernos y los sindicatos. Es necesario que las decisiones se funden en consensos políticos amplios. No estoy haciendo referencia a vagos e imprecisos acuerdos pre-electorales sobre esta o aquella política, sino a un compromiso que garantice la implementación futura de una metodología para la toma de decisiones, con la consiguiente construcción institucional, que efectivice la incorporación de las principales fuerzas políticas al proceso decisorio.
2- Es imprescindible valorizar la capacidad técnica de los órganos de gobierno del sistema. Necesitamos un ministerio capaz de producir estadísticas, evaluaciones, investigaciones serias para ponerlas a disposición de todos aquellos que lo requieran.
Un órgano capaz de articular los recursos materiales y simbólicos disponibles en el país para pensar, inventar e implementar alternativas educativas en un momento en que la escuela tradicional presenta evidentes limitaciones para dar respuesta a las complejas demandas de la sociedad contemporánea.
No es la militancia ni la afiliación gremial el criterio de selección que garantiza la solvencia que se requiere para gestionar y gobernar el sistema educativo.
3- Por otra parte, es necesario generar otras condiciones en las escuelas para que puedan conformarse equipos de trabajo. No hay ninguna posibilidad de recuperar la calidad de los procesos de aprendizaje con docentes taxis en la escuela secundaria o con doble turno en las escuelas primarias.
El desgano, la inconformidad, el ausentismo, la irrelevancia de la acción pedagógica está asociada a la saturación que genera el actual modo de trabajo.
4- Lo más complejo es avanzar en el cambio de la concepción de aprendizaje y evaluación que impera en nuestras escuelas.
Nuestros alumnos no sólo saben poco sino que lo que saben no es lo que requiere la sociedad contemporánea.
La escuela sigue pensando que saber es repetir contenidos y resulta que lo que se necesita es desarrollar la capacidad de resolver, articular, analizar y extrapolar. Este es el corazón del cambio.
Para esto hay que intervenir en la formación y capacitación docente de una manera más decidida y creativa de lo que hemos hecho hasta ahora, redefinir la propuesta pedagógica y la evaluación con esta orientación y, lo más difícil, generar una tecnología de instalación en la escuela.
Transformar la educación es un proceso complejo que requiere considerables esfuerzos políticos, técnicos y económicos. Desconfiemos de las soluciones fáciles, baratas y rápidas.

Fuente: clarin.com

viernes, 15 de noviembre de 2013

Posdata sobre las sociedades de control

I. Historia

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con sus leyes: primero la familia, después la escuela (“acá ya no estás en tu casa”), después el cuartel (“acá ya no estás en la escuela”), después la fábrica, de tanto en tanto el hospital, y eventualmente la prisión, que es el lugar de encierro por excelencia. Es la prisión la que sirve de modelo analógico: la heroína de Europa 51 puede exclamar, cuando ve a unos obreros: “me pareció ver a unos condenados...”. Foucault analizó muy bien el proyecto ideal de los lugares de encierro, particularmente visible en la fábrica: concentrar, repartir en el espacio, ordenar en el tiempo, componer en el espacio-tiempo una fuerza productiva cuyo efecto debe ser superior a la suma de las fuerzas elementales. Pero lo que Foucault también sabía era la brevedad del modelo: sucedía a las sociedades de soberanía, cuyo objetivo y funciones eran muy otros (recaudar más que organizar la producción, decidir la muerte más que administrar la vida); la transición se hizo progresivamente, y Napoleón parecía operar la gran conversión de una sociedad a otra. Pero las disciplinas a su vez sufrirían una crisis, en beneficio de nuevas fuerzas que se irían instalando lentamente, y que se precipitarían tras la segunda guerra mundial: las sociedades disciplinarias eran lo que ya no éramos, lo que dejábamos de ser.

Estamos en una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar la escuela, reformar la industria, el hospital, el ejército, la prisión: pero todos saben que estas instituciones están terminadas, a más o menos corto plazo. Sólo se trata de administrar su agonía y de ocupar a la gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta. Son las sociedades de control las que están reemplazando a las sociedades disciplinarias.

“Control” es el nombre que Burroughs propone para designar al nuevo monstruo, y que Foucault reconocía como nuestro futuro próximo. Paul Virilio no deja de analizar las formas ultrarrápidas de control al aire libre, que reemplazan a las viejas disciplinas que operan en la duración de un sistema cerrado. No se trata de invocar las producciones farmacéuticas extraordinarias, las formaciones nucleares, las manipulaciones genéticas, aunque estén destinadas a intervenir en el nuevo proceso. No se trata de preguntar cuál régimen es más duro, o más tolerable, ya que en cada uno de ellos se enfrentan las liberaciones y las servidumbres. Por ejemplo, en la crisis del hospital como lugar de encierro, la sectorización, los hospitales de día, la atención a domicilio pudieron marcar al principio nuevas libertades, pero participan también de mecanismos de control que rivalizan con los más duros encierros. No se trata de temer o de esperar, sino de buscar nuevas armas.

II. Lógica

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos lugares existe, pero es analógico. Mientras que los diferentes aparatos de control son variaciones inseparables, que forman un sistema de geometría variable cuyo lenguaje es numérico (lo cual no necesariamente significa binario). Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones, como un molde autodeformante que cambiaría continuamente, de un momento al otro, o como un tamiz cuya malla cambiaría de un punto al otro. Esto se ve bien en la cuestión de los salarios: la fábrica era un cuerpo que llevaba a sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios; pero, en una sociedad de control, la empresa ha reemplazado a la fábrica, y la empresa es un alma, un gas. Sin duda la fábrica ya conocía el sistema de primas, pero la empresa se esfuerza más profundamente por imponer una modulación de cada salario, en estados de perpetua metastabilidad que pasan por desafíos, concursos y coloquios extremadamente cómicos. Si los juegos televisados más idiotas tienen tanto éxito es porque expresan adecuadamente la situación de empresa. La fábrica constituía a los individuos en cuerpos, por la doble ventaja del patrón que vigilaba a cada elemento en la masa, y de los sindicatos que movilizaban una masa de resistencia; pero la empresa no cesa de introducir una rivalidad inexplicable como sana emulación, excelente motivación que opone a los individuos entre ellos y atraviesa a cada uno, dividiéndolo en sí mismo. El principio modular del “salario al mérito” no ha dejado de tentar a la propia educación nacional: en efecto, así como la empresa reemplaza a la fábrica, la formación permanente tiende a reemplazar a la escuela, y la evaluación continua al examen. Lo cual constituye el medio más seguro para librar la escuela a la empresa.

En las sociedades de disciplina siempre se estaba empezando de nuevo (de la escuela al cuartel, del cuartel a la fábrica), mientras que en las sociedades de control nunca se termina nada: la empresa, la formación, el servicio son los estados metastables y coexistentes de una misma modulación, como un deformador universal. Kafka, que se instalaba ya en la bisagra entre ambos tipos de sociedad, describió en El Proceso las formas jurídicas más temibles: el sobreseimiento aparente de las sociedades disciplinarias (entre dos encierros), la moratoria ilimitada de las sociedades de control (en variación continua), son dos modos de vida jurídica muy diferentes, y si nuestro derecho está dubitativo, en su propia crisis, es porque estamos dejando uno de ellos para entrar en el otro. Las sociedades disciplinarias tienen dos polos: la firma, que indica el individuo, y el número de matrícula, que indica su posición en una masa. Porque las disciplinas nunca vieron incompatibilidad entre ambos, y porque el poder es al mismo tiempo masificador e individualizador, es decir que constituye en cuerpo a aquellos sobre los que se ejerce, y moldea la individualidad de cada miembro del cuerpo (Foucault veía el origen de esa doble preocupación en el poder pastoral del sacerdote -el rebaño y cada uno de los animales- pero el poder civil se haría, a su vez, “pastor” laico, con otros medios). En las sociedades de control, por el contrario, lo esencial no es ya una firma ni un número, sino una cifra: la cifra es una contraseña, mientras que las sociedades disciplinarias son reglamentadas por consignas (tanto desde el punto de vista de la integración como desde el de la resistencia). El lenguaje numérico del control está hecho de cifras, que marcan el acceso a la información, o el rechazo. Ya no nos encontramos ante el par masa-individuo. Los individuos se han convertido en “dividuos”, y las masas, en muestras, datos, mercados o bancos. Tal vez sea el dinero lo que mejor expresa la diferencia entre las dos sociedades, puesto que la disciplina siempre se remitió a monedas moldeadas que encerraban oro como número patrón, mientras que el control refiere a intercambios flotantes, modulaciones que hacen intervenir como cifra un porcentaje de diferentes monedas de muestra. El viejo topo monetario es el animal de los lugares de encierro, pero la serpiente es el de las sociedades de control. Hemos pasado de un animal a otro, del topo a la serpiente, en el régimen en el que vivimos, pero también en nuestra forma de vivir y en nuestras relaciones con los demás. El hombre de las disciplinas era un productor discontinuo de energía, pero el hombre del control es más bien ondulatorio, en órbita sobre un haz continuo. Por todas partes, el surf ha reemplazado a los viejos deportes.

Es fácil hacer corresponder a cada sociedad distintos tipos de máquinas, no porque las máquinas sean determinantes sino porque expresan las formas sociales capaces de crearlas y utilizarlas. Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo. Una mutación ya bien conocida, que puede resumirse así: el capitalismo del siglo XIX es de concentración, para la producción, y de propiedad. Erige pues la fábrica en lugar de encierro, siendo el capitalista el dueño de los medios de producción, pero también eventualmente propietario de otros lugares concebidos por analogía (la casa familiar del obrero, la escuela). En cuanto al mercado, es conquistado ya por especialización, ya por colonización, ya por baja de los costos de producción. Pero, en la situación actual, el capitalismo ya no se basa en la producción, que relega frecuentemente a la periferia del tercer mundo, incluso bajo las formas complejas del textil, la metalurgia o el petróleo. Es un capitalismo de superproducción. Ya no compra materias primas y vende productos terminados: compra productos terminados o monta piezas. Lo que quiere vender son servicios, y lo que quiere comprar son acciones. Ya no es un capitalismo para la producción, sino para el producto, es decir para la venta y para el mercado. Así, es esencialmente dispersivo, y la fábrica ha cedido su lugar a la empresa. La familia, la escuela, el ejército, la fábrica ya no son lugares analógicos distintos que convergen hacia un propietario, Estado o potencia privada, sino las figuras cifradas, deformables y transformables, de una misma empresa que sólo tiene administradores. Incluso el arte ha abandonado los lugares cerrados para entrar en los circuitos abiertos de la banca. Las conquistas de mercado se hacen por temas de control y no ya por formación de disciplina, por fijación de cotizaciones más aún que por baja de costos, por transformación del producto más que por especialización de producción. El servicio de venta se ha convertido en el centro o el “alma” de la empresa. Se nos enseña que las empresas tienen un alma, lo cual es sin duda la noticia más terrorífica del mundo. El marketing es ahora el instrumento del control social, y forma la raza impúdica de nuestros amos. El control es a corto plazo y de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de larga duración, infinita y discontinua. El hombre ya no es el hombre encerrado, sino el hombre endeudado. Es cierto que el capitalismo ha guardado como constante la extrema miseria de tres cuartas partes de la humanidad: demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro: el control no sólo tendrá que enfrentarse con la disipación de las fronteras, sino también con las explosiones de villas-miseria y guetos.


III. Programa

No es necesaria la ciencia ficción para concebir un mecanismo de control que señale a cada instante la posición de un elemento en un lugar abierto, animal en una reserva, hombre en una empresa (collar electrónico). Félix Guattari imaginaba una ciudad en la que cada uno podía salir de su departamento, su calle, su barrio, gracias a su tarjeta electrónica (dividual) que abría tal o cual barrera; pero también la tarjeta podía no ser aceptada tal día, o entre determinadas horas: lo que importa no es la barrera, sino el ordenador que señala la posición de cada uno, lícita o ilícita, y opera una modulación universal.

El estudio socio-técnico de los mecanismos de control, captados en su aurora, debería ser categorial y describir lo que está instalándose en vez de los espacios de encierro disciplinarios, cuya crisis todos anuncian. Puede ser que viejos medios, tomados de las sociedades de soberanía, vuelvan a la escena, pero con las adaptaciones necesarias. Lo que importa es que estamos al principio de algo. En el régimen de prisiones: la búsqueda de penas de “sustitución”, al menos para la pequeña delincuencia, y la utilización de collares electrónicos que imponen al condenado la obligación de quedarse en su casa a determinadas horas. En el régimen de las escuelas: las formas de evaluación continua, y la acción de la formación permanente sobre la escuela, el abandono concomitante de toda investigación en la Universidad, la introducción de la “empresa” en todos los niveles de escolaridad. En el régimen de los hospitales: la nueva medicina “sin médico ni enfermo” que diferencia a los enfermos potenciales y las personas de riesgo, que no muestra, como se suele decir, un progreso hacia la individualización, sino que sustituye el cuerpo individual o numérico por la cifra de una materia “dividual” que debe ser controlada. En el régimen de la empresa: los nuevos tratamientos del dinero, los productos y los hombres, que ya no pasan por la vieja forma-fábrica. Son ejemplos bastante ligeros, pero que permitirían comprender mejor lo que se entiende por crisis de las instituciones, es decir la instalación progresiva y dispersa de un nuevo régimen de dominación. Una de las preguntas más importantes concierne a la ineptitud de los sindicatos: vinculados durante toda su historia a la lucha contra las disciplinas o en los lugares de encierro (¿podrán adaptarse o dejarán su lugar a nuevas formas de resistencia contra las sociedades de control?). ¿Podemos desde ya captar los esbozos de esas formas futuras, capaces de atacar las maravillas del marketing? Muchos jóvenes reclaman extrañamente ser “motivados”, piden más cursos, más formación permanente: a ellos corresponde descubrir para qué se los usa, como sus mayores descubrieron no sin esfuerzo la finalidad de las disciplinas. Los anillos de una serpiente son aún más complicados que los agujeros de una topera.

Gilles Deleuze: “Posdata sobre las sociedades de control”,
en Christian Ferrer (Comp.) El lenguaje literario, Tº 2, Ed. Nordan, Montevideo, 1991.



Traducción: Martín Caparrós

martes, 25 de octubre de 2011

Una pisca de Actitud 2.0 para ser docente en el nuevo paradigma



Post original publicado en IneveryCREA
El nuevo paradigma interpela al docente en infinitos aspectos, entre los cuales su actitud ocupa un rol central. Abusando del uso ya tan repetido del “2.0” podríamos decir que el docente debe asumir una ACTITUD 2.0 que implica:
  • Actitud para innovar

  • Actitud para aprender

  • Actitud para compartir

Dice el diccionario de la RAE, que la actitud es una disposición de ánimo manifestada de algún modo. La actitud es una forma de ser, de actuar, de pensar y de mirar la realidad.

Actitud para innovar

“Mucha gente pequeña en muchos lugares pequeños harán cosas pequeñas que transformaran al mundo” (Leo Buscaglia)
Innovar es la clave para avanzar en un mundo que como dice, Charles Lutwidge Dodgson, no nos espera si nos quedamos quietos. Se trata de utilizar de nuevas formas los viejos recursos o encontrar recursos nuevos para hacer nuevas cosas. Innovar siempre implica un cambio, una ruptura. Poco tiene que ver la innovación educativa con dispositivos y herramientas, se trata de transformar la educación, de alcanzar un nuevo paradigma educativo revolucionando la relación con el saber, el rol del docente y la institución escolar. Innovar es mucho más que aplicar lo último de la tecnología en el aula, la innovación debe tener valor pedagógico y social además de tecnológico. Un docente con actitud innovadora es un docente flexible al cambio, atento al avance del tiempo, de la sociedad y la cultura, usuario de los nuevo dispositivos, crítico de su aplicación, ávido de probar, cambiar y desafiar lo establecido, lo conocido y lo aprobado. Un docente innovador es un creador, un transformador, con la valentía y responsabilidad que ello implica. Un docente con ACTITUD 2.0, es un docente que innova.


Actitud para aprender
“En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”.(Eric Hoffer)

No lo sabemos todo. Hace mucho tiempo que grandes pensadores de la humanidad no han dado esta noticia, triste para algunos, feliz y desafiante para otros. Los docentes tampoco sabemos todo, es tanto más lo que tenemos que aprender que aquello que atesoramos como sabiduría. El docente con actitud para aprender es el mejor maestro, es el que enseña justamente a aprender, es el que enseña a preguntar aunque no sepa todas las respuestas, el que duda, el que se equivoca. Un docente facilitador, guía, que no tiene conocimientos acumulados certificados, sino la capacidad de enseñar a ver la realidad de forma crítica, humana y ética. Un docente dispuesto a aprender entiende su lugar más cerca del alumno y menos sobre él, es un docente que no pierde autoridad pero que ya no la encuentra en sus saberes sino es su carácter, en su carisma, en su empatía, en su vocación y su capacidad infinita de mostrar, de guiar, de acompañar, de enseñar. Un docente que investiga, critica, se capacita, se actualiza, se pregunta y se interpela. Un docente con ACTITUD 2.0, es un docente que aprende.


Actitud para compartir
“Si tienes una manzana y yo tengo una manzana y la intercambiamos entonces tu y yo seguimos teniendo una manzana cada uno. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y la intercambiamos, entonces cada uno de nosotros tendremos dos ideas”. (Bernard Shaw)

Poco nos sirven nuestros tesoros si los conservamos guardados, lucen más fuera del cofre. La humanidad ha evolucionado notablemente cada vez que cooperó y colaboró, cada vez que se reunió y construyó de forma colectiva, los hombres avanzamos mejor y más rápido juntos.

Un docente que colabora, que es miembro de una comunidad abierta, que comparte sus ideas y se enriquece con las ajenas, que piensa de forma colectiva y hace de manera cooperativa, es un docente que apuesta al cambio educativo mancomunado. Compartir es una forma de ser abierta y solidaria, es desprenderse de lo propio, dejar volar, fluir, transformar, adaptar, utilizar y multiplicar nuestras ideas. Porque si una idea es buena lo mejor es que muchos la conozcan y si un proyecto funciona lo mejor es que otros lo apliquen. Un docente con ACTITUD 2.0, es un docente que comparte.


Post original publicado en IneveryCREA
EDUCACION 2.0 | http://www.educdoscero.com | Ana Laura Rossaro