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Política, Estado y Sociedad: teorías y desafíos del Siglo XXI

 Tratar de entender y comprender las fases que ha pasado el Estado en las últimas cuatro décadas, resulta necesario descifrar estratégicamente la gobernanza en un entorno virulento y de incertidumbre. El modelo de desarrollo posguerra (1870-1970) entró en crisis (Gantus).

Las mismas no constituyen cronologías aisladas, por el contrario, son respuestas cualitativas a crisis de acumulación, de erosiones de la legitimidad políticos y de saltos tecnológicos que rompen y altera profundamente el denominado contrato social de Rousseau.

El análisis de las transformaciones es importante debido a que, por un lado, se manifiesta cómo la idea de Keynes que prometía el crecimiento económico era una promesa incumplible.  Incluir a todos bajo una capa protectora de empleo formal, se evapora frágilmente dando lugar a una reconfiguración de las escalas de riesgo social. Aquí Isuani, distingue este período como su sustento de Estado Keynesiano y Estado de Bienestar.

Frente a esta premisa, diría central, se destaca cómo el Estado redefine su capacidad de intervención frente al agobio del orden de posguerra; dando identificación a rupturas importantes dentro del orden del Estado, con diferentes formas y paradigmas

La primera ruptura es el paso del consenso planificador al paradigma neoliberal de los 80/90. Aquí se nota una marca impronta de ajuste estructural. Y, por otro lado, la irrupción de la “era exponencial”, denominada Cuarta Revolución Industrial.

Es aquí que éste traslado de una a otra, exige evaluar el desplazamiento del Estado desde un rol de omnipresente y planificador, hacia un Estado que exige una capacidad de anticipación tecnológica, esto para impedir la intrascendencia debido a la velocidad por la cual se producen cambios.

Hacia fines de los 70, la elevada inflación, el estancamiento económico y el alto empleo producen un quiebre del orden posguerra. El fin de la convertibilidad del dólar debilitan la confianza en el Estado keynesiano. Este panorama, produce una emergencia y articula una potencia doble crítica al Estado: su tamaño, vinculada a la crisis fiscal y la acumulación) y por otra parte, su forma burocrática (ineficiencia en los métodos para mantener el orden).

Cómo respuesta a lo anterior se inician programas para la modernización vía internacionalización, como resultado de un consenso entre organismos acreedores y expertos especialistas en la temática.

Esta reforma neoliberal se organizó bajo tres pilares para, justamente, calibrar la relación Estado-Sociedad:

Como primer pilar la privatización: en donde la presencia del Estado en la producción se reduce exponencialmente lo que lleva a la pérdida de su capacidad para generar y sostener empleo directo. Esto implicó que el Estado dejara en manos de privado la empresa que sostenía o las que tenía participación monetaria. Implicó un desembolso económico importante.

Una segunda estructuración la constituyó la desregulación que limitó la capacidad de intervención económica del Estado, permitiendo que el mercado operara en el precio, compra y venta de bienes; como así también normativas de regulación mínimas con casi nula intervención estatal. El mercado tenía y debía regularse automáticamente a través de la oferta y la demanda, entre particulares.

El tercer elemento o pilar que formó parte para ajustar la reforma neoliberal fue la flexibilización laboral como herramienta para desgastar el poder de los sindicatos y para eliminar el rígido modelo anterior imperante. Esto significó nuevas modalidades contractuales para los empleados, regulación de jubilaciones y pensiones, desregulación de obras sociales (en mano de sindicatos).

En Latinoamérica, mientras la región intentaba consolidarse democráticamente, este proceso vivió un desequilibrio histórico, la redemocratización aplicaba ajustes fiscales extremos. La promesa de la gestión de “achicar para crecer” fue reemplazada por la urgencia económica de “achicar para pagar”, en este caso específico pagar la deuda externa contraída sin la cual el mercado no podía competir y los acreedores presionaban para un ajuste social con promesas cobrar y luego de invertir.

La transición al siglo XXI dio lugar a la denominada Cuarta Revolución Industrial, escena en donde conocimiento e información desplazan a la coerción y los recursos materiales como poder dominante.

Habitamos un futuro donde los chips, la biométrica, los drones y algoritmos son tecnologías cotidianas. En ese caso el Estado se enfrenta a una poderosa maquinaria y tiene como desafío: quedarse en burocracia ante la informatización digital. Oszlak la describe como la Era Exponencial, el gobierno como plataforma.

Las tecnologías que irrumpen definen la gestión pública con los siguientes ejes vertebrales:

Inteligencia artificial y big data: se pasa de una lógica al estilo Weber a una lógica del algoritmo, en donde los principios a favor de la gestión se encuentran regido por sistemas de control y sin flexibilización normativa. La incorporación de inteligencia artificial a la gestión simplifica, en algunos casos, la gobernanza del Estado.

Por otro lado, la irrupción de la robotización, a diferencia de otras revoluciones, ahorra el trabajo/hombre en forma exponencial produciendo desempleo tecnológico debido a su rápido avance. Aquí se encuentra el Estado en un dilema de cómo gestionar la obsolescencia laboral de grandes sectores poblacionales, en tanto el poder se centra en una elite con acceso a flujos digitales.

A su vez el uso de plataformas digitales y el acceso a internet de parte del Estado le permite gestionar las denominadas “ciudades digitales”. Aquí el planteo se da en el riesgo que se corre con la privacidad de las personas al contar con una vigilancia omnipresente y la falta de claridad del uso de algoritmos para la toma de decisiones públicas hacia el ciudadano.

Por un lado, estos mecanismos de vigilancia proporcionan al ciudadano seguridad y por el otro se ve afectada su libertad y su privacidad.

Es entonces donde surge el debate ético sobre la singularidad y la multiplicidad, entendidas como el control de las inteligencias artificiales y la colaboración humano-máquina. Aquí es donde el Estado debe actuar como un regulador y dinámico ante las demandas.

Bienestar y Cuestión Social

            Es sabido que la cuestión social no tiene una única solución o fórmula y que éstas se encuentran determinadas, en primer lugar, por las trayectorias de cada sistema organizado de gobierno.

El sistema anglosajón (residual) su propuesta central es la autosuficiencia individual en respuesta a la crisis, teniendo como sujetos a los trabajadores pobres de clase baja y marginales, quienes se encuentra en la base de la jerarquía económica, desempleados y excluidos socialmente.

En tanto el corporativo (continental) se aboca la integración social, entendida como el ingreso de las minorías en igualdad de derechos y oportunidades. Esto llevado a cabo a través de favorecer el empleo, la jubilación anticipada a pesar que están desocupadas con aportes realizados y la ayuda o prestación económica a personas de escasos recursos económicos y vulnerables, destinado a cubrir elementos de la canasta básica alimentaria. Su objetivo es la inserción socio laboral de los ciudadanos.

Otro sistema, el escandinavo (universal), implicaba la igualdad ciudadana con políticas activas de empleo y servicios universales del estado, aquí el ciudadano es independiente del mercado. No se puede medir o comparar al sujeto en términos del mercado, en donde los esfuerzos del Estado se enfocan en la persona.

            En América Latina el pleno empleo keynesiano golpea negativamente sobre las bases precarias del mercado formal, que resulta ser un espacio de exclusión social debido a las diferencias estructurales, sociales, legales y económicas.

            Debido la extrema precarización la preocupación estatal se debate entre el “ingreso como programa de sobrevivencia” que margina hacia la exclusión (Rosanvallon P.) y el “ingreso como liberación”. Para Latinoamérica y viendo esta situación compleja, encuentra una estrategia que resulta viable. La misma está constituida por un modelo dual de “ingreso ciuidadano”.

            El ingreso ciudadano tiene dos componentes esenciales: uno incondicional que está centrado en los ingresos que se vinculan a transferencias universales para niños y adultos mayores para garantizar un piso fuera de toda lógica de mercado. Y por otro, un componente condicional, en este caso vinculado estrechamente con la educación y el trabajo productivo. Aquí es donde el conocimiento toma eje central y la educación deja de ser un gasto, transformándose en la puerta de entrada para salir de la marginalidad estructural y la falta de cultura.

 A modo de conclusión

            Puedo afirmar que estas cuatro décadas de evolución del Estado se pasó de tener un poder estatal omnipotente y planificador a un ente regulador neoliberal y, luego, a un Estado con capacidad de anticipación a las nuevas tecnologías; sin la cual el mismo no puede medir los nuevos riesgos y retos sociales emergencias y menos aún poder gestionarlo.

            Mientras tanto encontré tres diferencias fundamentales en este aspecto:

            En primer lugar, la naturaleza del poder en donde la soberanía hoy juega un rol importante en el control de infraestructuras y de “big data”.

            Por segundo el desacople o desacomodamiento del crecimiento-empleo, debido a que la expansión económica no garantiza bienestar social, lo que obliga a pensar y re pensar la protección y las formas independientes en el mercado laboral

            Como tercera diferencia puedo nombrar la “ética del algoritmo”, en donde las gestiones públicas estatales tienen que abandonar la neutralidad de la técnica para, luego, asegurar que los procesos tecnológicos no sigan produciendo y profundizando desigualdades sociales y no vulnere la privacidad de los ciudadanos.

            El desafío actual, más allá de ser eficiente y eficaz en los procedimientos y procesos, configura al Estado ser más humano en la era de los sistemas. En este sentido, la responsabilidad estatal debe enfocarse en ser el garante de que la innovación sea puesta al servicio de la persona humana sin avasallar su dignidad.


 

Bibliografía
Bresser Pereira, L. C. (1998). La reforma del Estado de los años noventa: Lógica y mecanismos de control. Desarrollo Económico, 38(150), 517-550
Fuentes, G., Güemes, M. C., & Isaza, C. (2009). Modernizar y democratizar la Administración Pública. Una mirada desde la realidad latinoamericana. Enfoques, 7 (11), 55-84
Isuani, E. A. (1991). Bismarck o Keynes: ¿Quién es el culpable? En E. Isuani, R. Lo Vuolo, & E. Tenti Fanfani (Eds.), El Estado benefactor: Un paradigma en crisis. CIEPP.
Isuani, E. A., & Nieto Michel, D. (2001, 5-9 de noviembre). La cuestión social y el Estado de Bienestar en el mundo post-keynesiano. VI Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Buenos Aires, Argentina
Mazzuca, S. (2025, 8 de junio). Cien años de incapacidad (I y II). Seúl.
Oszlak, O. (2020). El Estado en la era exponencial. Instituto Nacional de la Administración Pública
Przeworski, A., et AL. (1998). Democracia sustentable. Paidós.
Rousseau, J.-J. (1985). El contrato social. Tecnos. (Original publicado en 1762).
Subirats Humet, J. (2009). ¿Qué gestión pública para qué sociedad? Administración Pública y Sociedad, 16, 5-15.
Weber, M. (2014). Economía y sociedad (J. Medina Echavarría, Trad.; 4ta ed.). Fondo de Cultura Económica.
Gantus, D. J. (2016). De la reforma a la modernización: Continuidades y rupturas de las transformaciones del Estado Federal en la Argentina del siglo XXI.

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