La Inteligencia Artificial (IA) promete revolucionar las aulas y el sistema educativo, pero a menudo pasamos por alto los desafíos éticos y de equidad que trae aparejado Para que la misma sea una herramienta de progreso y no de exclusión, resulta necesario someter la tecnología al escrutinio de políticas y normativas que acompañe su uso.
Es en este sentido que expongo diferentes pasos para mostrar las posibilidades que tenemos a nuestro alcance en el uso de las IA en la educación, según el informe de la UNESCO dado recientemente.
Es en este sentido que expongo diferentes pasos para mostrar las posibilidades que tenemos a nuestro alcance en el uso de las IA en la educación, según el informe de la UNESCO dado recientemente.
Por Eduardo M. Farabello
Licenciado en Educación. Especialista en Gestión y Conducción de Sist. Educativos.
El primer paso para un el IA en la educación no es necesario instalar un nuevo software, sino que por el contrario, es desarrollar una planificación estratégica a nivel gobierno. Por eso es indispensable que se establezcan objetivos claros y transversales, alineados con directrices internacionales, para garantizar un despliegue en forma equitativa. Lo que implica monitorear la diversidad y la igualdad en la enseñanza para identificar con precisión quiénes se benefician de estas nuevas herramientas y quiénes están quedando atrás.
Además, una estrategia deberá asegurar la infraestructura adecuada para todos. Es decir, garantizar el acceso a Internet, hardware y software de calidad, especialmente para los grupos más vulnerables de la sociedad. Solo así los beneficios de su uso podrán alcanzar a quienes históricamente han enfrentado mayores barreras educativas.
Este enfoque de "planificación primero" es primordial, puesto que la tecnología por sí sola no puede resolver desigualdades preexistentes. Sin una guía estratégica las herramientas de IA serán adoptadas primero por las escuelas con más recursos, convirtiéndose en un acelerador de la desigualdad en lugar de un ecualizador. La planificación decide si se cerrará o ampliará las brechas de rendimiento existentes.
2. El espejo roto de la IA
Uno de los mayores riesgos de la IA es su capacidad para absorber y perpetuar los sesgos humanos. El sesgo de género, es un ejemplo prominente de un problema mucho más amplio. Es fundamental que las herramientas de IA sean testeadas para asegurar que están libres de prejuicios de este tipo, la discapacidad, la condición social y económica, el origen étnico y cultural, y la ubicación geográfica.
El objetivo debe ser doble: no solo evitar el sesgo, sino también promover activamente la igualdad. Esto se logra incentivando el desarrollo de aplicaciones que impulsen la equidad y empoderen a las personas con las habilidades necesarias para prosperar en un mundo digital. La responsabilidad ética va más allá de un simple chequeo técnico.
Un diseño proactivo y consciente es la única manera de evitar que las herramientas de aprendizaje refuercen, sin querer, estereotipos dañinos. Sin una supervisión exhaustiva, la IA se convierte en un espejo roto que refleja y amplifica las fracturas de nuestra sociedad directamente en el aula.
3. Tus datos, sus reglas
En la era de la Inteligencia Artificial, los datos son un activo de inmenso valor, y su protección es una prioridad innegociable. Resulta importante y primordial establecer leyes de protección de datos robustas que regulen su uso en el sector educativo, siguiendo el ejemplo de marcos normativos sólidos como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea. El propósito debe ser claro: los datos deben usarse para el bienestar público, no para el lucro comercial o la vigilancia opaca. La clave no es solo proteger los datos, sino garantizar la transparencia.
La recolección y el análisis de la información educativa deben ser visibles, rastreables y auditables por parte de docentes, estudiantes y padres. Se deben formular políticas claras sobre la propiedad, la privacidad y la disponibilidad de los datos.
Esta transparencia no es sólo una cuestión de confianza, sino más bien un asunto de derechos digitales y de poder. ¿A quién pertenecen los datos de aprendizaje de un estudiante: a él mismo, a la escuela o al proveedor de software?
Garantizar la auditabilidad y el control sobre la información personal es fundamental para asegurar la agencia y la soberanía digital de los estudiantes en el siglo XXI.
4. Más allá del algoritmo
La implementación ética de este tipo de inteligencia no es un problema puramente técnico; sino que constituye es un desafío social que requiere una conversación amplia y honesta. Es responsabilidad de las autoridades nacionales de cada país, facilitar debates abiertos sobre las cuestiones éticas, de privacidad y de seguridad de los datos que surgen con el uso de estas tecnologías en las escuelas.
En este debate resulta crucial abordarse de frente las preocupaciones sobre el impacto negativo que la IA podría tener en los derechos humanos y la igualdad de género.
Teniendo en cuenta que se debe enfrentar la compleja realidad del "consentimiento informado". Obtener un permiso válido es particularmente difícil en contextos educativos donde los usuarios son niños o estudiantes con dificultades de aprendizaje, quienes a menudo no son capaces de dar un consentimiento verdaderamente informado sobre el uso de sus datos.
La responsabilidad de configurar una IA ética es compartida. Gobiernos, empresas tecnológicas, educadores y la sociedad en su conjunto deben colaborar para asegurar que los algoritmos sirvan al bien común y respeten la dignidad y los derechos de cada estudiante.
Conclusión
Para dar cierre a la presente, siendo un tema que amerita más debate político y social, es necesario recalcar: para que la Inteligencia Artificial transforme la educación de manera positiva y justa, debemos mirar más allá de sus capacidades técnicas.
La verdadera clave está en priorizar la planificación estratégica, la ética en el diseño, una estricta protección de datos y un debate social abierto y transparente. Solo así podrá construir un futuro donde la tecnología potencie el aprendizaje para todos, sin dejar a nadie atrás.
¿Estamos preparados para asumir la responsabilidad colectiva de guiar el futuro de la IA en nuestras aulas?
Fuente: "Recomendaciones de políticas – Inteligencia artificial y educación: guía para las personas a cargo de formular políticas" (UNESCO).- https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379376

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