Partiendo de la
base que la lectoescritura resulta fundamental y constituye un desafío personal y, que es necesario que los
alumnos en contextos vulnerables puedan desarrollar resiliencia en este aspecto,
actuando como la apertura hacia la participación activa y justa en la sociedad
actual.
Por Eduardo M. Farabello
Licenciado en Educación. Especialista en Gestión y Conducción de Sist. Educativos.
En los
entornos actuales en donde la Inteligencia Artificial (IA) no pone en sobresalto educativo, la alfabetización
trasciende y constituye la mera decodificación para convertirse en un acto de rebelía,
en una herramienta de empoderamiento a los sistemas que a menudo marginan a los
alumnos.
Fortalecer prácticas recipientes es el objetivo de la presente, en donde la acción humana es el paso fundamental y primero hacia el esfuerzo y desafío cognitivo, en donde las políticas educativas deben enfocar en estos contextos para superar las brechas existentes en el sistema educativo.
Históricamente en comunidades vulnerables son los estudiantes quienes suelen estar sujetos a mecanismos de vigilancia, de control, de automatización como herramientas necesario para establecer parámetros de culturales. En este sentido resulta importancia centrar la lecto-escritura como capacidad humana de empoderamiento, de elegir de manera intencional y crítica para permitir convertirse en participantes activos. Ser actores críticos permitirá cuestionar y dar debate a los nuevos desafíos tecnológicos, los valores y fines, desconalizando y humanizando el algoritmo.
Este fortalecimiento de la lecto-escritura crítica permitirá detectar desinformación y técnicas manipulativas, comprender y verificar sesgos y patrones de engaños. En los adolescentes en contextos vulnerables que sean ellos quienes tomen las decisiones y protejan su integridad psico-física-social en un entorno casi totalmente digital de desinformación y simulación de la realidad, lo que constituye una resiliencia ciudadana ante las nuevas demandas sociales.
La idea de que la IA forman jóvenes informados, en donde el conocimiento se encuentra a un “clic” del navegador es totalmente falsa y no encuentra fundamentos pedagógicos que avalen dicha interacción. Sabemos que la mediación entre alumnos y saberes pasan por otras cuestiones, y que en situaciones vulnerables es donde se deben llevar a cabo situaciones escolares de fortalecimiento educativo. Decir que está “todo a un clic” de distancia, es como tratar de medir el océano gota a gota.
El desafío de la lecto-escritura pasa por desarrollar y sostener un pensamiento profundo y reflexivo. Para eso hay que recuperar las voces de quienes están silenciadas, sus emociones, sus dudas y pasiones. Subjetivar la memoria, establecer un diálogo interno y conversar con textos para procesar la realidad en contextos vulnerables y casi olvidados por políticas educativas que fomentan y establecen parámetros a través de una lista de número o criterios de valoración a nivel mundial.
Aquí se puede establecer y enfatizar que la lecto-escritura constituye un acto educativo público y político, en donde leer y escribir son actos profundamente arraigados culturalmente y ser resistente a la homogenización de las grandes corporaciones. Y es la educación uno de los pocos espacios que quedan en donde se legitima la pregunta y el diálogo constructivo. Trascendiendo y aumentando su conocimiento de los bienes culturales.
El desafío es hoy y es urgente.
Fortalecer prácticas recipientes es el objetivo de la presente, en donde la acción humana es el paso fundamental y primero hacia el esfuerzo y desafío cognitivo, en donde las políticas educativas deben enfocar en estos contextos para superar las brechas existentes en el sistema educativo.
Históricamente en comunidades vulnerables son los estudiantes quienes suelen estar sujetos a mecanismos de vigilancia, de control, de automatización como herramientas necesario para establecer parámetros de culturales. En este sentido resulta importancia centrar la lecto-escritura como capacidad humana de empoderamiento, de elegir de manera intencional y crítica para permitir convertirse en participantes activos. Ser actores críticos permitirá cuestionar y dar debate a los nuevos desafíos tecnológicos, los valores y fines, desconalizando y humanizando el algoritmo.
Este fortalecimiento de la lecto-escritura crítica permitirá detectar desinformación y técnicas manipulativas, comprender y verificar sesgos y patrones de engaños. En los adolescentes en contextos vulnerables que sean ellos quienes tomen las decisiones y protejan su integridad psico-física-social en un entorno casi totalmente digital de desinformación y simulación de la realidad, lo que constituye una resiliencia ciudadana ante las nuevas demandas sociales.
La idea de que la IA forman jóvenes informados, en donde el conocimiento se encuentra a un “clic” del navegador es totalmente falsa y no encuentra fundamentos pedagógicos que avalen dicha interacción. Sabemos que la mediación entre alumnos y saberes pasan por otras cuestiones, y que en situaciones vulnerables es donde se deben llevar a cabo situaciones escolares de fortalecimiento educativo. Decir que está “todo a un clic” de distancia, es como tratar de medir el océano gota a gota.
El desafío de la lecto-escritura pasa por desarrollar y sostener un pensamiento profundo y reflexivo. Para eso hay que recuperar las voces de quienes están silenciadas, sus emociones, sus dudas y pasiones. Subjetivar la memoria, establecer un diálogo interno y conversar con textos para procesar la realidad en contextos vulnerables y casi olvidados por políticas educativas que fomentan y establecen parámetros a través de una lista de número o criterios de valoración a nivel mundial.
Aquí se puede establecer y enfatizar que la lecto-escritura constituye un acto educativo público y político, en donde leer y escribir son actos profundamente arraigados culturalmente y ser resistente a la homogenización de las grandes corporaciones. Y es la educación uno de los pocos espacios que quedan en donde se legitima la pregunta y el diálogo constructivo. Trascendiendo y aumentando su conocimiento de los bienes culturales.
El desafío es hoy y es urgente.

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